Educación en Contravía 

Tenemos que ser educados, pues perdimos el rumbo y nuestra herida esta abierta. Al reencuentro de la identidad y la memoria. 

La educación en contra vía. Las instituciones gubernamentales, han comenzado a mencionar la integración para presuntamente vincular a las comunidades al sistema educativo. El peligro es que nuestras comunidades al ser “educadas”, es que podrían perder sus saberes, así mismo como sus conocimientos propios, que de una manera u otra están más arraigados y representan una parte viva. Realizados por procesos conscientes dentro de rituales, de cultura y costumbres. Que en una nueva llegada del “mundo civilizado” para asimilarnos daría paso a la perdida de nuestro patrimonio. 

Al contrario, son las escuelas de los que adoptaron el español y perdieron su cultura e identidad las que deben aprender de estos. Ya sabemos de las políticas y las maneras de aplicarlas en las escuelas, con contenidos, mallas, programas cuestionables, estas dinámicas puede poner en riesgo a las comunidades y grupos que aún mantienen estructuras y procesos sociales bien definidos a través de hilos identitarios y culturales. 

La etnoeducación, no es llegar a las comunidades a adoptar e implementar una educación para las comunidades diferentes, al contrario, hay que resaltar esa diferencia, que además es perdida y debe ser recuperada. No es ir, es traer. Las comunidades indígenas deben venir con sus niños y maestros a formarnos: mostrarnos sus costumbres, su lengua y todo lo que ello implica, que lograría por demás encontrarnos con aquello de lo cual se nos fue privado, nuestra esencia. 

Es un gran equívoco esta mirada desde fuera, porque no se trata de ir a las comunidades a “capacitarlos, formarlos, educarlos”. Por el contrario se trata de que estas comunidades elijan a la manera tradicional, desde sus saberes a sus maestros, no certificados o ilustrados por nadie, sino que se les financie y se les integre en la practica educativa, para que desde sus principios brinden su apoyo a cada escuela. Trayendo a sus niños, siendo maestros de las distintas lenguas. Porque la lengua, sería un camino para reencontrar todo lo que no entendemos, un camino de reencuentro con nosotros mismos, que nos dará de paso el encuentro con ideas y formas que pensábamos venían de otros lugares, con adaptaciones y respuestas a nuestra forma de ser, nuestras costumbres y nuestros traumas como sociedad. La herida no está en sus comunidades, sino en las nuestras.

Tenemos todo en común, con lo cual ese imaginario racista de mestizaje, de hispanidad, de superioridad, desaparecerá y podemos integrarnos, no como diferencias, sino como complementarios. Así teniendo formadores en los términos que han tenido desde siempre, aprenderemos  no solo lenguas, sino todo lo que desconocemos, esa herida que nos flagela y nos divide como sociedad. 

 Encontrar que toda nuestra cultura son procesos de sincretismo, que no somos de una ideología o creencia particular, y que más es lo que hay en común entre nosotros, y es más  lo que pueden enseñar los hablantes de lenguas indigenas que nosotros a ellos. Mientras nuestros sistemas  implementan cuentas, ellos tienen auténticas matemáticas; mientras ellos tienen un sistema político, jurídico, preciso nuestras leyes nunca funcionan. Los hablantes de solamente inglés son un porcentaje mínimo, mientras estos manejan varias lenguas nativas, el español, el portugués   y no falta quién habla inglés. 

 Debe ser obligatorio en cada escuela de Abya Yala la enseñanza de una lengua indígena, pagando y sustentando a cada uno de los maestros de nuestras comunidades sueldos justos y dignos. En sus términos y criterios y con los materiales propios: cartillas, diccionarios, programas radiales, salas de audio, programas televisivos, centros de idioma, etc.  Porque no son estos los que necesitan ser educados, somos nosotros.